
"Lo que dura un beso"
-Alberto García Alix-
En el campo la primavera es una época de sucesos breves y silenciosos; brotes de jacinto en un jardín, sauces que arden con un repentino fuego escarchado de verdor, el lento fluir de los atardeceres, la lluvia de medianoche que abre las lilas. Pero en la ciudad hay fanfarrias de organilleros, los olores, que el viento invernal no ha disipado, se atascan en el aire, las ventanas se abren después de haber estado cerradas mucho tiempo, y la conversación sale sin rumbo de las habitaciones para chocar con la tintineante campana de un mendigo. Es la estación alucinada de los globos y los patines, de los barítonos de patio y los hombres de afanes disparatados, como éste que ahora brincaba igual que un muñeco en una caja de sorpresa. Era viejo y tenía un telescopio con un letrero: Vea la luna por 25 centavos. ¡Vea las estrellas! ¡25 centavos! No había estrellas que traspasaran el resplandor de una ciudad, pero Vincent vio la luna, una sombra blancuzca, redonda, y luego un destello de focos eléctricos: Four Roses, Bing Cro..., siguió caminando en medio de aquel aire viciado (olía a caramelo), nadando en un océano de gente pálida como el queso, neón y oscuridad. (...)
Extracto de "El halcón decapitado"
- Truman Capote -
" Un árbol de noche y otros relatos"